Salud

Dolor orofacial: causas, síntomas y tratamiento

El dolor orofacial es un término que engloba las diferentes manifestaciones de dolor que afectan a la boca, la cara y las estructuras relacionadas, como los dientes, las encías, la lengua, el paladar, los labios, las mejillas, la mandíbula, el oído o el cuello. El dolor orofacial puede tener un origen dental, muscular, nervioso, articular, vascular, infeccioso, inflamatorio, traumático o psicológico, y puede variar en intensidad, duración, frecuencia y localización.

El dolor orofacial es un problema de salud que afecta a una gran parte de la población, y que puede interferir con la calidad de vida, el bienestar y el funcionamiento diario de las personas que lo padecen. Por ello, es importante conocer sus causas, síntomas y tratamiento, para poder prevenirlo, diagnosticarlo y abordarlo de forma adecuada.

Causas del dolor orofacial

El dolor orofacial puede tener múltiples causas, que se pueden clasificar en dos grandes grupos: primarias y secundarias. Las causas primarias son aquellas que se originan en la propia zona orofacial, y que pueden ser.

  • Dentales: Son las más frecuentes, y se deben a problemas que afectan a los dientes o a las estructuras que los rodean, como las caries, las fracturas, las infecciones, las pulpitis, las periodontitis, las abscesos o las extracciones.
  • Musculares: Son las que se producen por alteraciones en los músculos que intervienen en la masticación, la deglución, el habla o la expresión facial, como los espasmos, las contracturas, las mialgias o el bruxismo.
  • Nerviosas: Son las que se originan por daños o irritaciones en los nervios que inervan la zona orofacial, como las neuralgias, las neuropatías, las compresiones o las lesiones.
  • Articulares: Son las que se relacionan con trastornos en la articulación temporomandibular (ATM), que es la que conecta la mandíbula con el cráneo, y que permite los movimientos de la boca, como las artritis, las artrosis, las luxaciones, las disfunciones o los síndromes de dolor miofascial.
  • Vasculares: Son las que se asocian con alteraciones en los vasos sanguíneos que irrigan la zona orofacial, como las migrañas, las cefaleas, las arteritis o las trombosis.
  • Infecciosas: Son las que se deben a la presencia de microorganismos patógenos que invaden la zona orofacial, como las bacterias, los virus, los hongos o los parásitos, y que pueden causar enfermedades como la candidiasis, el herpes, la varicela, el sida o la sífilis.
  • Inflamatorias: Son las que se generan por una respuesta del sistema inmunitario ante una agresión externa o interna, que provoca la liberación de sustancias que causan dolor, calor, enrojecimiento y edema, como las alergias, las autoinmunes, las reumatoides o las granulomatosas.
  • Traumáticas: Son las que se originan por golpes, caídas, cortes, quemaduras o cirugías que afectan a la zona orofacial, y que pueden provocar heridas, hematomas, cicatrices o deformidades.
  • Psicológicas: Son las que se vinculan con factores emocionales, mentales o conductuales que influyen en la percepción y la expresión del dolor, como el estrés, la ansiedad, la depresión, el miedo o la somatización.

Las causas secundarias son aquellas que se derivan de otras enfermedades o condiciones que afectan a otras partes del cuerpo, pero que se reflejan o se manifiestan en la zona orofacial, como las hormonales, las metabólicas, las nutricionales, las genéticas, las neoplásicas o las farmacológicas.

Síntomas del dolor orofacial

El síntoma principal del dolor orofacial es el dolor, que puede tener diferentes características, según su causa, como:

  • Agudo o crónico: El dolor agudo es el que aparece de forma repentina, dura poco tiempo y suele tener una causa identificable, como una caries o un golpe. El dolor crónico es el que persiste más de tres meses, no se alivia con el tratamiento convencional y suele tener una causa desconocida o difícil de tratar, como una neuralgia o una disfunción de la ATM.
  • Localizado o difuso: El dolor localizado es el que se siente en un punto concreto de la zona orofacial, y que se puede señalar con el dedo, como un diente o una encía. El dolor difuso es el que se extiende por una zona amplia de la zona orofacial, y que no se puede localizar con precisión, como la mandíbula o la cara.
  • Constante o intermitente: El dolor constante es el que se mantiene de forma continua, sin variar en intensidad o frecuencia, como el que produce una infección o una inflamación. El dolor intermitente es el que aparece y desaparece de forma irregular, y que suele variar en intensidad o frecuencia, como el que produce un espasmo o una migraña.
  • Espontáneo o provocado: El dolor espontáneo es el que surge sin ningún estímulo externo, y que suele ser más intenso y difícil de controlar, como el que produce una neuralgia o una neuropatía. El dolor provocado es el que se desencadena por algún estímulo externo, como el frío, el calor, el tacto o la presión, y que suele ser más leve y fácil de evitar, como el que produce una caries o una pulpitis.

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